martes, 3 de julio de 2012

LLEGARON LOS VENEZOLANOS Revista SEMANA, Lunes 16 de Agosto de 1.993

LLEGARON LOS VENEZOLANOS

Lunes 16 de agosto de 1.993



Las grandes fortunas de Venezuela, entre ellas la de la poderosa familia Cisneros, irrumpen en Colombia con multimillonarias inversiones en la banca, las telecomunicaciones y muchos otros sectores.

LAS RELACIONES COLOMBO VENEZOLANAS no han sido históricamente un asunto fácil. Sobre todo en la medida en que el acento estaba centrado en el aspecto político. Para casi todo el mundo era claro que la integración y el aumento en los flujos de comercio e inversión eran la solución. Pero pasaron muchos años antes de que esto se pudiera considerar una realidad. Hoy prácticamente lo es. Lo cierto es que desde que empezó a regir la unión aduanera entre los dos países, el cambio en la relación ha sido radical. Desde luego que subsiste el problema en la relación política y episodios como el de la corbeta Caldas o el alboroto que se suscitó alrededor de las recientes declaraciones del precandidato conservador, Andrés Pastrana, son prueba de ello. Sin embargo, la dinámica de las relaciones comerciales está contribuyendo a crear otro clima. Al punto de que ya se puede hablar de invasión venezolana en Colombia y de invasión colombiana en Venezuela sin que esto implique desplazar los ejércitos de tierra, mar y aire.
El incremento en el tráfico áereo es prueba de ello. De apenas unas pocas frecuencias semanales entre Bogotá y Caracas hace dos años se ha pasado a cinco vuelos diarios. Ir a Caracas se ha vuelto algo tan común para los hombres de negocios como lo era antes ir a Medellín, Cali o Barranquilla. Y en los pasillos del Hotel Tamanaco de Caracas el acento paisa está desplazando al inglés y árabe.
Las cifras de comercio exterior son elocuentes. De una balanza comercial de apenas 350 millones de pesos en 1987 se pasó a una de más del 1.000 millones de dólares el año pasado (ver cuadro).
En materia de inversión las cosas son similares. En el caso de inversiones colombianas en Venezuela se han presentado movimientos interesantes. Casi 100 empresas colombianas han realizado inversiones en Venezuela en los últimos tres años. La más importante es la del Grupo Petroquímica Colombiana, liderado por los inversionistas Edmundo Esquenzi y Jimmy Mayer, que adquirió dos plantas industriales. Pero también figuran en la lista empresas como Carvajal, Corona, Caribú, Clavería, Cacharrería Mundial, Noel, Leonisa, Inca Fruehof, Colombina y muchas otras.
En el caso de la inversión venezolana en Colombia las dos terceras partes de toda la inversión se hizo en los últimos cuatro años. Esos recursos se han destinado fundamentalmente al sector financiero donde inversionistas venezolanos se han hecho al control de cinco entidades financieras. Lo interesante es que mientras los colombianos venden más en Venezuela que los venezolanos en Colombia, los venezolanos invierten más en Colombia que los colombianos en Venezuela.
LOS CISNEROS
Tal vez el símbolo dcl auge de la inversión venezolana en Colombia es, en la actualidad, la llegada al país de la familia Cisneros. Esta no necesariamente es la familia más rica de Venezuela, pero su nombre, sin duda, sí es el que más se identifica con el poder y el dinero de ese país. En realidad no existe un solo grupo Cisneros como tal, sino dos que están compuestos por los herederos de los hermanos Diego y Antonio Cisneros Bermúdez, que fueron los forjadores de esas fortunas.
Nacidos a principios de siglo en La Habana, Cuba, hijos de padre cubano y nadre venezolana, llegan a Venezuela después de un tránsito por Trinidad Tobago alrededor del año 30 sin un peso. Después de hacer varios negocios islados, en 1940, una idea de Antonio los lleva a lo que se considera su mayor cierto comercial: la creación de Pepsi-Cola de Venezuela, que fue la primera concesión otorgada por esa empresa fuera del territorio de los Estados Unidos. El crecimiento de esa empresa es arrollador. Luego de montar una planta embotelladora tras otra, en 1944 la producción de Pepsi igualó a la de Coca Cola. En 194s la duplicó y en 1952 la triplicó. Desde entonces controlan -con Pepsi y otras marcas muy populares como Chinoto, Frescolita, Hit y la embotelladora Schweppes- alrededor del 80 por ciento del mercado de las gaseosas de Venezuela, lo que es algo verdaderamente inusual a nivel mundial.
Antonio Cisneros muere en 1951, y su hermano Diego asume el manejo de todos los negocios de la familia. En 1961, poco después de cumplir 20 años, el hijo del fallecido Antonio, Oswaldo, entra a trabajar en Pepsi Cola bajo la dirección de su tío Diego -que es el padre de Gustavo y de Ricardo- y aprende todo sobre ese negocio hasta alcanzar la presidencia de la compañía años después. En la actualidad, la operación Pepsi Cola constituye el eje de sus actividades y al igual que Carlos Ardila Lulle, ha integrado verticalmente sus negocios: produce vidrio y botellas, tapas, canastas, concentrados y es un gran importador de azúcar que refina en sus propias plantas en Venezuela. Como dato curioso, el azúcar que antes se importaba en su totalidad de Cuba y Brasil,ahora, con la integración, se compra casi todo en Colombia.
Con la muerte de Diego Cisneros en 1980, lo que era un grupo se dividió eb dos. Una parte le correspondió a su sobrino Oswaldo -un economista que en la actualidad tiene 52 años- y la otra a sus hijos, que operan su conglomerado bajo el nombre de organización Diego Cisneros, ODC.
La rama de Oswaldo tiene hoy su fuerza en los renglones de las gaseosas y de la telefonía celular. En cuanto a las gaseosas, fuera dc controlar el 80 por ciento del mercado, tiene 10 mil empleados, produce 20 toneladas mensuales de vidrio -sector en el que acaba de invertir 20 millones de dólares- y refina anualmente 180 mil toneladas de azúcar.
En cuanto al negocio de telefonía celular, obtuvo del gobierno venezolano una concesión a nivel nacional para su empresa Telcel. En apenas 19 meses alcanzó la cifra de 83 mil abonados y un cubrimiento de 30 ciudades con su red celular. Para Oswaldo Cisneros el celular se ha convertido en un negocio comparable al de la Pepsi.
Ante el éxito en su frente de comunicaciones, Oswaldo Cisneros aspira a extender su operación a Colombia. Entró a participar como accionista de Movicel, en sociedad con El Tiempo, Vanguardia Liberal, la familia de Carlos Pérez Norzagaray y su socio en Venezuela, Bell South. Teniendo en cuenta que el celular puede ser uno de los grandes negocios del futuro, Oswaldo Cisneros está tratando de entrar al país por la puerta grande. Y este no es sino el primer paso.
Ya tiene en Bogotá una oficina abierta para estudiar otras posilidades de inversión.

LOS PRIMOS
La otra rama de la familia Cisneros controla lo que se conoce como la Organización Diego Cisneros u ODC. Las cabezas visibles son los hijos de Diego Cisneros: Gustavo, un extrovertido y agresivo empresario internacional de 49 años, y su hermano Ricardo, de 47, que es su mano derecha. El imperio montado por el padre se ha sostenido y acrecentado bajo la dirección de los hijos.
El eje de ese conglomerado es Venevisión, una de las tres grandes cadenas de la televisión latinoamericana con O Globo y Televisa. Son socios del gigante mexicano de las comunicaciones, Emilio Ascárraga, en Univisión y en otros proyectos de telecomunicaciones en América Latina. Son dueños, además de CADA, una gigantesca cadena dc supermercados, de un paquete accionario de Pepsi Cola de Venezuela, cuya administración ejerce Oswaldo, su primo. También son accionistas mayoritarios de las multinacionales Evenflo y Spalding. Tienen además explotaciones mineras en la Guyana venezolana e importantes propiedades de finca raíz en Inglaterra. Recientemente pagaron 475 millones de dólares por la cadena dc supermercados Pueblo de Puerto Rico y el Caribe.
Son los representantes de Apple Macintosh para Venezuela, y el año pasado hicieron su ingreso a Colombia por esa vía al adquirir el control de CDM que era el distribuidor local de la conocida marca de computadores.
Pero el primer negocio verdaderamente grande en que se están metiendo en Colombia es el de la televisión. En las últimas semanas se ha venido especulando sobre una posible vinculación comercial con la programadora RTI, en una operación cuyo valor se situaría alrededor de los seis millones dc dólares en la eventualidad de que llegara a concluirse. No se han hecho públicos aún los detalles, pero no se descarta que en el futuro la poderosa Venevisión termine de accionista de RTl. Esto le permitiría a la programadora competir hombro a hombro con Caracol y RCN una vez que se privatice la television colombiana.
LOS OTROS
Pero las dos ramas de la familia Cisneros no han sido los únicos empresarios venezolanos de gran calibre en mostrar interés por la actividad económica y los mercados colombianos. De hecho, su ingreso al país estuvo antecedido del de varios grupos, que si tal vez no son tan conocidos popularmente, no son de mucho menor calibre y capacidad.
El primer grupo de gran calibre venezolano en llegar al país apenas se comenzó ha hablar de integración fue el Banco Mercantil de Venezuela que es uno de los más conservadores y tradicionales de ese país. Fundado en 1925 como el Banco Neerlandés Venezolano, en la actualidad es controlado por cinco familias, entre ellas los Vollmer, que constituyeron a mediados de los años 70 el Consorcio de Inversionistas Mercantil y Agrícola, CIMA. De esta última entidad dependen además del banco, una financiera, un banco hipotecario, una compañía de leasing, una asesora en banca de inversión y una operadora de bolsa. El grupo Mercantil es hoy por hoy el tercer conglomerado financiero más importante de Venezuela y su cabeza visible es el presidente del banco, Gustavo Marturet.
La entrada de este grupo a Colombia se produjo a través de la compra del banco de los Trabajadores. Esa operación se hizo en agosto de 1991 y su monto ascendió a 3.225 millones de pesos, que a la tasa de cambio de ese momento equivalían a casi cinco millones de dólares. Desde entonces, la razón social es la de Banco Mercantil de Colombia.
Otro grupo igualmente importante en vincularsc a Colombia fue el Grupo Construcción, que es de propiedad de la familia Di Maze y está compuesto por un conglomerado de empresas encabezadas por el Banco de la Construcción. Entró a Colombia con la adquisición del Banco Tequendama en julio de 1991 en una operación cuyo monto ascendió 35 millones de dólares. Además del Banco Tequendama, el Grupo Construcción adquirió posteriormente un paquete accionario del Banco Ganadero que representa el 23 por ciento del total de las acciones en circulación, lo que lo convierte en el principal accionista de ese banco indivudualmente considerado. La cabeza de esa organización es José Di Maze, hijo del fundador.
Uno de los empresarios venezolanos que está penetrando a Colombia con más fuerza es Orlando Castro, cabeza del Grupo Latinoamericana Progreso que ha desarrollado alrededor del Banco Progreso y de Latinoamericana de Seguros, una de las más grandes compañías de seguros de Venezuela y cuyo crecimiento vertiginoso se ha fundamentado en oferta de una gran variedad de productos de seguros de consumo masivo. Castro es un controvertido inmigrante cubano que llegó a Venezuela en los años 60 y que ha ido adquiriendo un perfil cada ves más alto en ese país.
Hace unos pocos años fue protagonista de una de las más ensangrentadas batallas conocidas por el mundo venezolano de los negocios: el control del tradicional y conservador Banco de Venezuela. La entrada de este grupo a Colombia se hizo con la compra de Seguros del Comercio. A fines del año pasado pagó más de 14 mil millones de pesos -más o menos 20 millones de dólares- por la Corporación Financiera de Oriente al Banco Cafetero. Orlando Castro es tan controvertido que incluso, ha sido acusado dc lavado de dólares aunque nunca se le ha probado nada.
Por último, está el Grupo Latino que se consolidó alrededor del Banco Latino que ha tenido un crecimiento espectacular en los últimos cinco años, al punto de ser, en la actualidad, el grupo financiero más grande de Venezuela. Su gestor y promotor fue el recientemente fallecido Pedro Tinoco -que también se desempeñó como gobernador del Banco Central dc Venezuela- y en la actualidad está manejado por Gustavo López. Forman parte del grupo también los bancos Hipotecario de Occidente, Occidente, Maracaibo, Hipotecario del Zulia y Barinas, la Sociedad Financiera Latino y una sociedad dc arrendamicnto financiero. Después de estudiar diferentes alternativas de ingreso a Colombia optó por la de constituír un nuevo banco y arrancar de cero. Obtenido el permiso de la Superintendencia Bancaria, el Banco Latino de Colombia inició operaciones en noviembre de 1991 con un capital inicial de 20 millones de dólares. Recientemente se aprobó una capitalización adicional de 10 millones de dólares. Este grupo está atravesando por momentos difíciles puesto que su rápido crecimiento tuvo un impacto significativo en la calidad de los activos. De otra parte, después de la muerte de Pedro Tinoco se generó un enfrentamiento entre algunos de sus principales accionistas.

Y PUEDEN LLEGAR MAS
Además de los anteriores, existen otros dos grupos que han manifestado interés en entrar a Colombia. El primero es el Banco Unión, que presentó ofertas a Fogafin en las ventas de los bancos de los Trabajadores, Tequendama y del Comercio, y ninguno de los tres casos resultó favorecido. Por el momento, mantiene una oficina de representación en Colombia. El otro es Bancor, un grupo financiero mediano que concentra su actividad en lo que se conoce como retail o menudeo bancario, y en banca corporativa a la mediana empresa. Ha tenido desde hace algún tiempo acuerdos estratégicos de colaboración con el Grupo Colpatria y acaba de abrir recientemente una oficina de representación en Colombia.
Todo esto no es más que un abrebocas. Nadie ec atreve a predecir hasta dónde pueden llegar las inversiones venezolanas en Colombia. Lo cierto es que en fenómenos económicos una vez que se genera una dinámica puede llegar a adquirir la dimensión de una bola de nieve. La invasión venezolana, es, sin duda alguna, uno de los hechos más significativos de los últimos tiempos. Lo que ha sucedido hasta ahora es apenas una muestra incipiente de una tendencia que seguramente se va a consolidar de aquí al año 2.000.
CARLOS PEREZ: UN HOMBRE ENIGMATICO
SIN DUDA ALGUNA, EN EL PROceso de integración económica que está en auge entre Colombia y Venezuela, una de las figuras centrales es Carlos Pérez Norzagaray. Y además de central, sin discusión, es la más enigmática. Porque alrededor de este personaje se ha tejido, desde hace 40 años, una leyenda que simultáneamente ha intrigado y fascinado a muchos. No en términos de opinión pública, porque a nivel nacional nadie sabe siquiera de su existencia, sino en los círculos de poder, donde pocos entienden de dónde saca y cómo mantiene tanta influencia.
Carlos Pérez es una persona influyente en Colombia y Venezuela. Pero es el nivel de importancia en este último país el que verdaderamente desconcierta. Es común verlo llegar a Caracas donde en el aeropuerto lo espera una limousine acompañado de motociclistas que lo traslada inmediatamente, sin hacer aduana ni mostrar el pasaporte al Palacio de Miraflores. Este tratamiento se lo han otorgado múltiples jefes de Estado del continente desde Fidel Castro hasta Omar Torrijos.
Lo misterioso es que Pérez no es un político, no es un diplomático, no es un magnate y, por lo general, no va en misión de ninguna clase. Por algún azar del destino ha sido íntimo amigo de la mayoría de los presidentes venezolanos y colombianos. Pero quizá fue la circunstancia de haber nacido en Arauca la que le ha dado, de facto, esta doble nacionalidad. Hijo de un cachaco bogotano, Julio Pérez Hoyos y de Isabel Norzagaray -una llanera de ascendente vasco- pasó los primeros 10 años de su vida en el "Arauca vibrador". En esa época esta región estaba, por razones de acceso geográfico, cultural y políticamente más cerca de Venezuela que de Colombia. Durante la dictadura de Juan Vicente Gómez gran parte del movimiento guerrillero se refugiaba en Arauca para conspirar y la casa de los Pérez era una de las sedes de la revolución.
Cuando Carlos era apenas un adolescente se vino a estudiar a Bogotá donde por entrador y descomplicado le cayó en gracia al presidente Alfonso López Pumarejo, viejo amigo de la familia, quien lo mandó a los 19 años de regreso a Arauca como intendente.
Allá solidificó sus vínculos con el vecino país y, al regresar, Alberto Lleras lo nombró secretario del Consejo de Ministros. Inmediatamente se convirtió en protegido y amigo del nuevo presidente.
Sorprendentemente, sus nexos con los futuros presidentes venezolanos también tienen origen en Colombia. A Rómulo Betancur lo conoció acompañando a Alberto Lleras a una cumbre de presidentes en Barranquilla. A Raúl Leoni cuando éste estaba exiliado en Bogotá y estudiaba derecho en el Externado. A Carlos Andrés Pérez también lo conoció cuando estaba exiliado en Bogotá y pasó con él la noche del 9 de abril en residencias El Nogal mientras la turba incendiaba el centro de la ciudad. Y para dar una idea de su cercanía con el actual presidente Ramón J. Velásquez sólo hay que decir que "Ramoncito" es el padrino de su hija Josefina y Pérez, a su turno, es padrino del primer hijo del mandatario venezolano.
Entre los dos compadres hubo un incidente curioso hace más de 30 años. El entonces embajador de Colombia en Venezuela, Francisco José Chaux, publicó en los periódicos de Caracas una carta suspicaz sobre las constantes visitas de Pérez a ese país.
Ramón J., en ese momento secretario general de la presidencia, le envió una carta al embajador colombiano en la cual afirmaba: "Carlos Pérez es para los venezolanos democráticos una figura familiar, un soldado hermano, cuya amistad nos honra hace lustros. Desde 1945, su palabra nos es familiar y se ha mantenido fiel en su desvelo y en su afecto por el destino venezolano (...) sin que jamás haya querido cobrar en monedas de interes, llámese esta influencia, figuración o dinero, esa presencia que en muchas oportunidades ha sido camino para la solución de dificultades. (...) Pero Carlos Pérez no tiene la culpa de ser viejo amigo del señor presidente Betancur, del general López Henríquez, del almirante Larrazábal, de Raúl Leoni, de Jovito Villalba, de Rafael Caldera. (...) Pero en ningún instante ha querido Pérez Norzagaray ostentar tales títulos, y es doloroso tener que hacer esta clase de alegatos para defender la honrabilidad de un hombre honesto..."
Esas palabras, expresadas hace más de tres décadas ilustran más que cualquier cosa los nexos de Pérez con Venezuela. Pero gran parte de la importancia que tiene acá es -precisamente- por la importancia que tiene allá. Y lo más curioso es que en Venezuela su importancia no radica en ser colombiano, que es más bien una desventaja, sino en un peso específieo enorme que tiene en la vida política y de negocios de ese país. Ha sido asesor y confidente de casi todos los políticos importantes del partido Acción Democrática (Adeco). Cuando hay un problema lo buscan. Pedro Gómez Barrero cuenta que, siendo embajador en Caracas, una vez se encontró a Pérez Norzagaray en el vuelo de Bogotá que iba a esa ciudad. Cuál no sería su sorpresa, cuando aterrizó el avión, al darse cuenta que dos delegaciones del más alto nivel de las fracciones del Adeco lo esperahan para llevárselo a reuniones claves que iban a tener lugar esa noche. Anécdotas como esta abundan y son precisamente las que han contribuído a crear el mito.
Otra parte de ese mito es el completo desconocimiento que existe sobre los negocios de Pérez Norzagaray. Sin duda alguna es un hombre muy acomodado. Pero no es propietario de ninguna empresa, no tiene activos identificables diferentes a su casa y su finca, y no tiene ni siquiera oficina o secretaria. En Colombia todo el mundo cree que hace grandes negocios en Venezuela, y en Venezuela todo el mundo cree que hace grandes negocios en Colombia. Pero en ninguno de los dos países ha dejado huellas, si es que los ha hecho. De su trayectoria comercial lo único que se conoce es que su primer negocio fue la venta de dos mil toneladas de papa a Venezuela cuando tenía 20 años. Años después fue el hombre clave como asesor de la Erickson para que esta multinacional entrara a Venezuela. Pero fuera de esto casi nadie sabe nada. La única vez que su nombre figuró en la prensa venezolana fue cuando se acusó al presidente Carlos Andrés Pérez de comprar el barco Sierra Nevada. En ese momento se llego a rumorar que en ese negocio había influído Pérez Norzagaray. Pero ni era ilegal ni nunca se pudo demostrar su participación.
Ahora, después de una vida a la somhra, la familia Pérez está comenzado a figurar en el mundo de los negocios en Colombia a través del hijo mayor. Carlos Alejandro. Este último es accionista del Banco Latino de Venezuela. También es socio con El Tiempo, los Cisneros y Vanguardia Liberal en la sociedad Movicel, que participará en la licitación del teléfono celular. Carlos Alejandro Pérez Dávila, a sus 30 años, tiene la figura de su madre Josefina Dávila y la audacia de su padre, pero aplicada a las finanzas. Graduado con honores en las universidades de Harvard y Cambridge, fue durante algunos años funcionario de la firma de Wall Street Goldman Sachs. En la actualidad es representante para Venezuela del banco inglés S.G Warburg. A pesar de su edad, Pérez Jr. es un consumado hombre de negocios y con él a la cabeza de las actividades familiares es seguro que el apellido Pérez va a desempeñar un papel importante en las actividades comerciales del país.

LLEGARON LOS VENEZOLANOS Revista SEMANA, Sábado 4 de junio de 2011

LLEGARON LOS VENEZOLANOS

Sábado 4 de junio de 2011

La migración de venezolanos hacia Colombia está disparada y ya se hacen sentir en la industria petrolera, el comercio, la cultura y la farándula.


"El mejor presidente que ha tenido Colombia es Hugo Chávez -dice una venezolana de la más refinada élite de Caracas, que decidió mudarse a Bogotá-. Gracias a él, la mayoría de venezolanos bien preparados y con dinero para invertir están hoy aquí".

Y es verdad. La presencia de los venezolanos en Colombia, y en particular en Bogotá, ha dejado de ser una simple curiosidad, para convertirse en un fenómeno. Y aunque muchos colombianos pueden no haberse percatado, lo que está ocurriendo es interesante porque se trata de uno de los pocos casos de migración de alto impacto para Colombia en sus dos siglos de historia republicana.

El éxodo tuvo un primer quiebre pronunciado a partir de 2005, cuando comenzaron a llegar los expertos del petróleo que habían sido despedidos en masa, sin misericordia, de Pdvsa. Pero en realidad, el momento cumbre ha sido 2011, pues cada día hábil el DAS está entregando en promedio 46 cédulas de extranjería a venezolanos para vivir en Colombia.

A pesar de tratarse de una diáspora de apenas cinco años, hay que decir que ya ha dejado una huella significativa en la estructura del país. Y tiene que ver con que un puñado de los cerebros fugados de Pdvsa han sido los protagonistas del boom petrolero de los últimos años en Colombia.

Pero los venezolanos no solo se han metido en el corazón de la economía. La semana pasada se estrenaron las dos nuevas grandes superproducciones de Caracol y RCN, y en las dos aparecieron venezolanos en papeles destacados: en La bruja, Gledys Ibarra es 'la Negra', y en El Joe, Andrés Suárez es Francisco Vergara. Por citar apenas un ejemplo.

En cualquier sector al que se mire hay un venezolano. Desde los más exclusivos, como las galerías de arte, hasta otros más populares, como son los espectáculos musicales o de humor. La galería La Cometa expuso hace un par de meses al venezolano Carlos Cruz Díez, uno de los maestros del arte óptico en el mundo, y vendió las 41 obras por precios hasta de 120.000 euros. "La mitad de las obras fueron compradas por venezolanos. Estoy feliz con ellos", dice Esteban Jaramillo, el dueño de la galería. Y en lo que va corrido del año se han presentado, por lo menos uno cada mes, espectáculos con artistas venezolanos. Yordano, tal vez el más conocido en Colombia, ya ha dado dos conciertos este año en Bogotá. Una cuenta de Twitter que se llama Venezolanos en Bogotá, con casi 7.000 seguidores, ayuda a poner en contacto a la colonia.

Los venezolanos también se han colado en la vida diaria de los colombianos. Como las tiendas de productos para la salud Locatel y Farmatodo, cuya franquicia fue traída por ellos. O restaurantes y cafés como Picollo Venezia, Ciboulette, Positano, Budare's, la Arepería Venezolana, Pan Sueko y Andrea's, por mencionar solo algunos, recién montados por venezolanos. Una revista, El Librero, hecha en Bogotá por el reconocido periodista Sergio Dabhar, exdirector adjunto del diario El Nacional de Caracas. Y hasta un miembro de la Academia de la Lengua del vecino país, Rafael Arráiz Lucca, que ahora es profesor universitario en Colombia.

La primera oleada: el factor P

Esta nueva migración es además interesante porque hasta hace unos años a pocos venezolanos -por no decir a ninguno- se les ocurría poner sus ojos en Colombia. Por el contrario, había una evidente animadversión. "El venezolano no veía a Colombia como una opción de turismo o de inversión. A Venezuela nos llegó lo peor de lo peor: colombianos indocumentados, sin preparación y buscando empleo", explica la venezolana.

¿Qué fue entonces lo que les hizo cambiar de opinión? En un primer momento, sobre todo las clases media y alta, que huían de Chávez, buscaron refugio en Miami. Pero a partir de 2005 los petroleros comenzaron a abrir la puerta.

Todo comenzó cuando a finales de 2002 los trabajadores de Pdvsa se unieron en un paro para pedir la renuncia del presidente Hugo Chávez. Fue uno de los episodios más críticos de la ya larga estancia de Chávez en el poder. Las pérdidas se calcularon en más de diez mil millones de dólares y el presidente, ni corto ni perezoso, despidió de manera fulminante a unos 18.000 empleados, incluidos los que habían llevado a la petrolera a ser la tercera más grande del mundo.

Todos esos cerebros, cargados de experiencia, buscaron otros mercados. Y fue así como llegaron a Colombia, primero Luis Giusti (presidente de Pdvsa 1994-1999), luego Ronald Pantin (el segundo de la petrolera hasta 2000) y Humberto Calderón Berti (quien había sido presidente de Pdvsa, canciller de Venezuela y presidente de la OPEP). Ellos crearon las tres firmas que han sacudido el mundo de los hidrocarburos en Colombia: Pacific Rubiales, Alange y Vectra.

Entre ellas tres producen hoy un buen pedazo del crudo del país. Pero lo más importante es que han sido protagonistas de primera línea del crecimiento de la industria del petróleo en Colombia, que, según informó el gobierno esta semana, está a unos cuantos barriles de producir el millón diario.

Los tres petroleros, consultados por SEMANA, coinciden en que llegaron a Colombia por el cambio del modelo petrolero en el país cuando se creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos y se dieron condiciones favorables para los inversionistas. Con ellos se vino una camada de ingenieros, geofísicos y todo tipo de científicos bien calificados. En los datos de inmigración se nota el primer gran salto en 2004, cuando los venezolanos crearon la primera compañía, en ese entonces Pacific Stratus (ver gráfica). "Según informaciones que me llegan, pueden estar laborando en este país cerca de 1.300 petroleros venezolanos", dijo Luis Giusti a esta revista.

Tres años después compraron Petro Rubiales, en 2008 fusionaron las dos compañías y ahí nació Pacific Rubiales. Para dar una idea de la dinámica que le imprimieron los vecinos venezolanos al negocio del petróleo, basta escuchar lo que dice Pantin, presidente de Pacific Rubiales: "Cuando llegamos, en 2007, la compañía producía 24.000 barriles y para finales de este año estaremos en 275.000. Colombia producía 560.000 barriles por día y hoy produce un poco más de 900.000".

Y Humberto Calderón, presidente de Vetra, agrega: "Colombia tardaría muchísimos años en formar el capital humano que ha llegado. Para formar un buen ingeniero de petróleos se requieren 15 o 20 años, y los que llegaron a Colombia son personas con 30 o más años de experiencia".

Sin duda, gracias a los petroleros, se corrió la voz en Caracas de que Colombia era un buen puerto.

La segunda oleada: ¡a salvar la plata!

Sin embargo, el quiebre más pronunciado en el éxodo se ha dado en los últimos meses (ver gráfica). Mientras en 2004 se daban cada semana dos cédulas de extranjería a venezolanos, el promedio en 2010 fue de 162 a la semana y en lo que va de 2011 la cifra ya llegó a 230.

Si en la primera oleada llegaron a Bogotá expertos del petróleo por el despido inclemente de Hugo Chávez, en la segunda fase fue toda la burguesía que había aguantado la que huyó despavorida. "Burguesía apátrida (…) me han declarado la guerra económica. Pues me declaro en guerra económica", dijo en junio del año pasado. "Vamos a ver quién puede más: si ustedes, burgueses de pacotilla, burgueses sin patria, o nosotros", les espetó.

Entusiasmado con ese grito de batalla, Chávez primero eliminó el dólar paralelo o 'cambio permuta', lo cual hizo mucho más difícil el acceso de la gente a las divisas que necesitaban para hacer negocios o para tener sus ahorros a salvo, teniendo en cuenta que estaban viviendo con una inflación del 30 por ciento. Y después, en diciembre, confiscó a empresarios seis conjuntos residenciales que estaban en construcción y ocho más los puso en suspenso.

Por eso no es extraño que desde entonces se haya destapado un particular interés de los venezolanos por hacer negocios en Colombia. Vienen a abrir restaurantes, a instalar negocios, a comprar finca raíz. Lo que les importa es salvar el dinero que les queda.

Y por eso también los que aterrizan en Bogotá son miembros de la más refinada burguesía venezolana. Apellidos como Oteiza, Pocaterra, Priange, Machado, Mussi, Cohen, Mishaan y otros que han sido presidentes, ministros, de la banca, la bolsa, el arte o destacados intelectuales de ese país. Aunque, advierte una de ellos, "en Colombia no están los potentados, sino los hijos de los potentados".

Prueba de ello es que en la ciudad amurallada de Cartagena, por ejemplo, venezolanos han comprado cinco mansiones antiguas, así como uno de los mejores hoteles boutique.

Camilo Herrera, gerente de la firma de consultoría Raddar, le dijo a la revista Dinero que en la historia de su compañía no había tenido tantos pedidos como los que ha recibido desde octubre de 2010. "Hemos tenido requerimientos de al menos 15 compañías o inversionistas venezolanos interesados en estudios de mercado y consultoría".

El mismo frenesí se ha sentido en el sector inmobiliario. Una alianza de las principales constructoras de Colombia, que se llama Casa Propia Colombia G-5, y la página web mudateacolombia.com han hecho solo en este año cuatro ferias en Venezuela. Y también se creó ya un bufete de abogados binacional, Arciniegas, Briceño y Plana, que pretende ayudarles a inversionistas venezolanos a establecerse en Colombia.

La situación ha llegado a tal punto que la principal empresa de alimentos de Venezuela, Polar, a pesar de tener su casa matriz en el país vecino, exporta desde Colombia. En los últimos meses han llegado o han anunciado que van a llegar a Colombia el grupo Dipromuro (concesionarios de vehículos), Ovejita (una tradicional marca de ropa), Proseín (multinacional de remodelación) y Valmy (cosméticos), entre otros. Todos para poner plantas de producción o tiendas. De todas maneras, las cosas no son fáciles para todos. Algunos, como los del café Cotti, no han resistido y han cerrado.

Estamos sin duda en medio de un fenómeno nuevo en Colombia. El éxodo de personas de otras nacionalidades no ha sido común en nuestro país. Las grandes migraciones fueron las de españoles y afros en la Conquista. Y las de árabes -sirios, libaneses y palestinos- a finales del siglo XIX. Las demás han sido de menor tamaño, de manera que apenas si han llegado a convertirse en colonias que pueden tener un impacto en localidades, pero no llegan a permear a la sociedad. ¿Hasta dónde llegarán los venezolanos?

martes, 24 de enero de 2012

NAPOLEON, TRULY A "PROLETARIAN KING"

NAPOLEON AND THE FRENCH REVOLUTION

  
"We have finished the romance of the Revolution, we must
   now begin its history, only seeking for what is real and
   practicable in the application of its principles, and not
   what is speculative and hypothetical."

    After Brumaire (9-10 Nov. 1799) --the coup d'etat which first set
Napoleon on the path to becoming the supreme executive of a French
empire-- Napoleon declared, "The Revolution is made fast on the
principles on which it began;  the Revolution is finished."  Since this
famous utterance came so soon after he gained power, it is clear that
Napoleon was saying something significant about what the role of his
new-born regime would be to those which had preceded it.  Like the man
himself, this quote and the one at the head of this page are both highly
complex and ambiguous.  He is declaring that the new regime was both a
break from the immediate past and part of a continuity with that past.
What was Napoleon's relationship to the Revolution?  To what extent was
he its heir or its betrayer?  Did he save the Revolution or liquidate
it?
    To begin it is necessary to determine what one means by "the
Revolution".  There was not one Revolution, but really a series of them
which occurred as the French struggled to create a new political and
social system.  By the "Revolution" do we mean that of Barnave, or of
Mirabeau, or Lafayette, or Brissot, or Danton, or Robespierre, or
Hebert, or Tallien, of Babeuf, or Barras?  All of these were men of the
Revolution, yet they all held differing conceptions of what that
"Revolution" was.  I will be considering many of those fundamental
principles which guided most of these revolutionaries.  In general,
these principles include equal treatment under the law, one degree or
another of centralization of the government, elimination of feudal
rights, religious tolerance and careers open to talent not birth.

   Georges Lefebvre wrote that the Emperor was "...a pupil of the
philosophes, he detested feudalism, civil inequality, and religious
intolerance.  Seeing in enlightened despotism a reconciliation of
authority with political and social reform, he became its last and most
illustrious representative.  In this sense he was the man of the
Revolution."  R. R. Palmer has observed that Napoleon considered the
Jacobin government of Robespierre and the Committee of Public Safety the
only serious government of the Revolutionary period.  During the "Reign
of Terror" Napoleon was strongly identified with the Jacobins.  His
dialogue published in 1793, LE SOUPER DE BEAUCAIRE, championed the
Jacobins over the federalist Girondins.  What Napoleon admired were the
Jacobins' strong centralized government, their commitment to deal
decisively with the problems facing the fledgling republic, and their
attempt to forge a stron stable France while winning the war against its
enemies. 
    Napoleon clearly felt, like the Jacobins, that an energetic
centralized state was essential to consolidate the advances achieved by
the Revolution and, at the same time, he wished to bring about the
stability many French longed for after the upheavals of the past
decade.  In his eyes this meant the need for a strong executive.  From
1799 until his death on the South Atlantic island of St. Helena,
Napoleon spoke of himself as the man who had completed the Revolution.
By this he meant that the basic goals of the Revolution enumerated above
had been obtained and that now it was time to consolidate and
instituionalize those gains.  France, after ten years of revolution, had
still lacked the proper foundation upon which to institutionalize the
revolutionary achievements until Napoleon provided it with his
administrative framework. 
    "Bonaparte came, as he said, 'to close the Romance of the
Revolution',"  H.A.L. Fisher wrote, " to heal the wounds, to correct the
extravagances, to secure the conquests.  It was his boast that he did
not belong to the race of the 'ideologues', that he saw facts through
plain glass, and that he came to substitute and age of work for and age
of talk...he would create a methodical government based upon popular
consent, and concieved in the interests not of any particular faction
but of France as a whole."  As Napoleon himself explained to the Council
of State in 1802:  "I govern not as a general but because the nation
believes that I have the civilian qualities necessary to govern.  If I
did not have this opinion, the government could not stand."
    Napoleon is generally credited with having consolidated the gains of
the Revolution ("With the exception of fathering the Civil Code,
Napoleon perhaps gloried more in his reputation as consolidator of the
Revolution than in any other one title," Robert B. Holtman observed).
In this sense he can be credited with having 'saved' the Revolution by
ending it.  Had the Bourbons come back to power in 1799 instead of
Napoleon, they would at that time had less trouble "turning back the
clock" to the ancient regime than they had in 1814.  As Francois Furet
has put it, "Revolutionary France was indeed under the spell of the new
sovereign, who was its son and had saved it from the danger of a
restoration...France had finally found the republican monarchy toward
which it had been groping since 1789."  The Code Napoleon, one of the
Emperor's most enduring achievements, embodied many of the principles of
the Revolution and made them permanent.
    To Prince Eugene, his viceroy in Italy, Napoleon wrote, "I am
seeking nothing less than a social revolution."  Feaudalism was
suppressed and careers were open to all those with ability regardless of
birth ("Wherever I found talent and courage I rewarded it."  Napoleon,
1816)  Napoleon became the personification of the revolutionary aims of
the bourgeoisie.  He reformed and modernized French institutions
(historian Jacues Godechot has said that with Napoleon the medieval era
ended and modern history began).  He brought much longed for order and
stability to France and forged a sense of unity.  He attempted to unite
under his wing both the revolutionaries and the emigres --nobles, clergy
and others who chose or were forced to live in exile under the
Revolution ("I became the arch of the alliance between the old and the
new, the natural mediator between the old and the new orders...I
belonged to them both."  Napoleon. 1816).  The sales of the lands taken
from the nobles who had emigrated or been declared enemies of the state,
from the Church, or from the Crown (the "biens nationaux")  --an
important benefit for the middle classes and the peasants of the
Revolution-- were recognized not only in Napoleon's coronation oath, but
also in the signing of the Concordat with the Pope.

napoleonpaard.jpg (6683 bytes)
Robert B. Holtman observed, "This task of consolidation made
Napoleon  a conservative in France, desirous of keeping the gains of the
Revolution, but a revolutionary in acien regime areas abroad."  It has
been said that many of Napoleon's reforms were just continuations of
reforms begun under the Revolution (just as it has been said that many
of the reforms of the Revolution were continuations of those begun
during the ancien regime).  It is important to keep in mind that
Napoleon also brought these reforms to the countries with the Empire,
where they were truly revolutionary.  Owen Connelly has said that
"Napoleon...was a conscious promoter of Revolution all over Europe.  In
fact, I firmly believe that this was the reason for his demise.  He was,
to the legitimate powers of Europe a crowned Jacobin...[These powers]
were able to mobilize against him in the end the very people who stood
to gain the most from the governments which Napoleon installed."  The
principles which Napoleon inherited from the Revolution and consolidated
in France, he exported to the countries which fell under the French
imperium.  If Napoleon's reforms in France were no longer revolutionary,
outside of France these same reforms were profoundly revolutionary
(Goethe described Napoleon as "the Revolution crowned.").  It had been
the goal of many of the Revolution's leaders to "revolutionize" the rest
of Europe.  Napoleon accomplished this.
    The principle of equality was recognized in the destruction of
feudal rights and privileges in the Empire and in the submission of all
members of socirty to a common sceme of justice, the Napoleonic Code.
The Legion of Honor was also intended to foster equality, as well as
reward talent.  "...The establishment of the Legion of Honor, which was
the reward for military, civil, and judicial service, united side by
side the soldier, the scholar, the artist, the prelate, and the
magistrate; it was the symbol of the reunion of all the estates, of all
the parties." (LE MEMORIAL DE SAINTE-HELENE, 1821)  The Emperor, as the
supreme executive, was deemed the representative of the general will.
This powerful executive was a feature also of the relationship between
the Convention and the Committee of Public Safety, as well as the
Legislature and the Directory.  The Revolution, like Napoleon, bore a
strong authoritarian streak.
    "It was Napoleon's fuction in history to fuse the old France with
the new,"  H.A.L. Fisher observed.  Napoleon declared that he wanted "to
cement peace at home by anything that could bring the French together
and provide tranquility within families."  Like Mirabeau, Napoleon
didn't see an incompatibility between the Revolution and monarchy.
Napoleon did what the Bourbon King could not --reconcile the elements of
the monarchy with elements of the Revolution-- which was the failed goal
of Mirabeau in 1790.  Napoleon was largely successful in attracting men
from all parties --from ex-Jacobins to ci-devant nobles-- to his
government.  Signing the Concordat (15 July 1801) allowed Napoleon to
reconcile the religious differences which had torn France apart during
the Revolution.  (At the same time, the Concordat insured religious
freedom.  It recognized Catholicism as the religion of the majority of
the French, but did not make it an "established" religion as the Church
of England was in Britain.  Protestants an Jews were allowed to practice
their religion and retain their civic rights.)  A general amnesty signed
by Napoleon (26 April 1802) allowed all but about one thousand of the
most notorious emigres to return to France.  These two actions helped to
bring relative tranquility to those areas of France which had long been
at war with the Revolution.  Albert Sobould has wrtten that "stabilizing
socirty on the fundamental base of the Revolution, [Napoleon] integrated
the returned emigres into a new social hierachy; and, while reinforcing
the principle of authority, he merged these emigres into a new order
which at first had been constructed against them."
What of liberty?  Of the three key principles of the Revolution
--liberty, equality, and fraternity--  it was liberty which suffered
most under Napoleon.  Historian Albert Vandal has observed that
"Bonaparte can be reproached for not having established liberty; he
cannot be accused of having destroyed it, for the excellent reason that
on his return from Egypt he did not find it anywhere in France."  The
French desiring to safeguard what thet had acquired during the
Revolution, be it rights or property, wanted these guaranteed.  Many
felt that guarantee could come only with the restoration and
preservation of order.  They were willing to sacrifice their liberties
for that guarantee, for that order.  "In the absence of political
liberty, he would assure Frenchmen of their individual rights.  In the
Napoleonic Code, he would sanctify equality, their dearest possession.
He would keep most of the revolutionary institutions while at times
amalgamating then with those of the Old Regime,  which were restored but
adapted.  His work would prove so solid that it made any total
restoration of the past impossible," wrote Albert Mathiez.
    Napoleon was most of all a pragmatist, willing to adapt "what
worked", whether it was borrowed from the Revolution or from the ancien
regime.  He delt with the problems facing France in practical terms, not
in the abstract ("To pursue a different course today would be to
philosophize, not to govern."  Napoleon, 1800)  The solutions Napoleon
came up with leave little doubt that he was the heir and preserver of
the Revolution.  Francois Furet has written that "...he was chosed by
the Revolution, from which he received his strange power not only to
embody the new nation (a power that others before him, most notably
Mirabeau and Robespierre, had possessed) but also to fulfill its
destiny."  Napoleon had undoubtedly felt a revolution had been
necessary.  When it had achieved its purpose he felt that it was
necessary to end the Revolution and begin the work of governing.  He
exported to those countries under French hegemony many of the
achievements of the Revolution.  He embodied these achievements in the
Code Napoleon.  Without the Revolution Napoleon, despite his talents,
would have been no more than an obscure provincial military officer.  He
unified a country torn apart by ten years of political and religious
strife  ("All titles were forgotten; there were no londer aristocrats or
Jacobins..." LE MEMORIAL DE SAINTE-HELENE, 1821).  While liberty
languished, he promoted equality and opened all careers to those with
talent.  "Risen to the throne," Chateaubriand wrote, "he seated the
people there beside him.  A proletarian king, he humiliated kings and
nobles in his antechamber.  He leveled ranks not by lowering but by
raising them."   He insured religious tolerance.  He cosolidated and
preserved the gains of the Revolution.  Alexis de Tocqueville wrote that
Napoleon "fell, but what was really substantial in his work lasted; his
government died, but his administration continued to live..."  The
Bourbon Prince de Conde summed up Napoleon as "One-third philosophe,
one-third Jacobin, and one-third aristocrat."

Tom Holmberg © 1998


Suggested Readings:

NAPOLEON: WAS HE THE HEIR OF THE REVOLUTION?  David Lloyd Dowd.
(Hinsdale, IL: Dryden Pr,. 1957)

NAPOLEON: FOR AND AGAINST.  Pieter Geyl.  (New Haven, CT: Yale
University, 1963)

THE NAPOLEONIC REVOLUTION.  Robert B. Holtman.  (Baton Rouge: Louisana
State Univ., 1981)

NAPOLEON BONAPATRE AND THE LEGACY OF THE FRENCH REVOLUTION.  Martyn
Lyons (N.Y.: St. Martin's, 1994)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La muerte de ALFONSO CANO: Un infame asesinato

"A Cano no le preservaron la vida": Arzobispo de Cali

Arzobispo de Cali Darío de Jesús Monsalve Mejía.
Darío Monsalve, el arzobispo de Cali que a través de una carta argumentó que la operación contra 'Alfonso Cano' fue un fusilamiento, se sostiene en su reflexión y de paso critica las marchas contra las Farc y la pena de muerte a la que están sometidos los guerrilleros.
Jueves 1 Diciembre 2011




En el momento menos indicado y de un vocero inesperado, el país fue sorprendido con las reflexiones del arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve Mejía, en torno al posible exceso de fuerza usado por los militares que desarrollaron la operación del 4 de noviembre del 2011 donde fue abatido el jefe de las FARC 'Alfonso Cano'.

Sus opiniones cayeron en varios sectores como un baldado de agua fría, ya que el país atravesaba por el doloroso episodio de enterrar a los cuatro uniformados secuestrados por la guerrilla pero que fueron fusilados como retaliación tras advertir la presencia cercana del Ejército.

Por todo ello sus declaraciones, consignadas en una carta que publicó el lunes 28 de noviembre en la página web de la arquidiócesis de Cali y que de inmediato retomaron los medios, fue considerada por muchos como atrevida pero al mismo tiempo valiente, al convertirse en la única voz de peso en cuestionar la histórica operación en la que murió el máximo jefe de la guerrilla.

Sus reflexiones no sólo le apuntan a la muerte de 'Can'o; también se refiere a la ruleta rusa en la que se encuentran los secuestrados por la forma como maneja el tema el Gobierno; critica las marchas contra la guerrilla e insiste en la necesidad de una salida negociada del conflicto y afirma que por cuenta de esa guerra el país se está acostumbrando a las muertes y resultó ser un histórico contradictor del ex presidente Uribe. SEMANA entrevistó al obispo para conocer a fondo lo que piensa de esos temas.

SEMANA: ¿Por qué dice que a 'Alfonso Cano' le aplicaron la pena de muerte?

Arzobispo Darío de Jesús Monsalve Mejía: La reflexión va dirigida a la primacía de la vida humana de los secuestrados, pero también la vida del victimario o agresor cuando está reducido. Es en ese contexto considero que reducir un jefe guerrillero a la impotencia era muy valioso para los secuestrados y para estos procesos donde necesitamos voceros. No tenemos voceros de las FARC a la mano y los que había fueron extraditados a EE. UU.

SEMANA: En su carta deja entrever que en esa operación hubo un fusilamiento...

Mi conclusión no es esa porque no tengo los elementos, pero con lo que escuché de los jefes del Ejército en entrevistas radiales después de la muerte de 'Alfonso Cano' me preguntaba ¿por qué no lo capturaron si tenían toda la tecnología y mil hombres encima?

SEMANA: Insisto, para usted ¿'Cano' fue fusilado?

Yo digo que no le preservaron la vida como está mandado constitucionalmente.

SEMANA: Eso en otras palabras, quiere decir que para usted, ¿'Cano' fue ejecutado?

Ejecución significa un homicidio preterintencional, yo lo dejo a la reflexión de quienes están involucrados si fue premeditado. Eso es lo que estoy pidiendo que se revise, no sólo el caso de 'Alfonso Cano', sino que ya todo ese tema con los cabecillas hace creer que hay una sentencia a muerte pase lo que pase.

SEMANA: ¿Se puede comparar entonces lo de 'Cano' con el ajusticiamiento de los cuatro secuestrados ocurrido el sábado anterior?

Eso no es equiparable porque estamos en dos condiciones absolutamente distintas. En primer lugar, los secuestrados estaban encadenados y prisioneros, mientras que 'Cano' era un luchador que fue reducido a impotencia.

SEMANA: En su reflexión afirma que hubo desproporción absoluta, de sometimiento y reducción de las Fuerzas Militares contra 'Cano', un hombre que usted describe como de 60 años, herido, ciego y solo.

Esa descripción corresponde exclusivamente a lo que recibimos los colombianos por parte de los medios de comunicación en torno a ese hecho.

SEMANA: Hay quienes interpretaron su carta como un duelo por 'Alfonso Cano'. ¿Qué les responde?

Yo rezo por 'Alfonso Cano' y todos nosotros, pero en este caso soy doliente de los secuestrados.

SEMANA: ¿Conoce detalles inéditos de esa operación militar en la que fue abatido el jefe guerrillero?

No. Reitero que la información que manejo es la que publicaron los medios de comunicación.

SEMANA: ¿Cree que en las operaciones contra 'Raúl Reyes' y el 'Mono Jojoy' hubo exceso de fuerza y se aplicó pena de muerte?

Aunque no tengo elementos suficientes para hacer un análisis sincero del tema, me pregunto y lo hago al país: ¿Es correcto que se programen ese tipo de acciones con todo lo que implica?

SEMANA: ¿Rescatar a los secuestrados es una sentencia de muerte?

El rescate es una ruleta rusa en la que está contenida la sentencia de muerte. Ya ocurrió en Urrao; los diputados del Valle en un hecho que no ha tenido claridad y sucedió ahora.

SEMANA: ¿Por qué afirma que el manejo gubernamental del tema de los secuestrados es una infinita frustración?

Porque desde el gobierno Uribe y ahora el de Santos, siempre han mantenido cero iniciativas para un acuerdo humanitario.

SEMANA: Usted dice que en esta guerra contra las FARC hay crueldad de lado y lado...

La gran victoria de la subversión y los violentos sobre la sociedad civil y el Estado, es que nos habitúan a su violencia y nos contagian de su mismo espíritu de violencia. Existe mucha crueldad y para entender esa frase miremos el monstruo en el que se convirtió las Autodefensas en su lucha contra las FARC. Estamos frente una odiosidad civil y animadversión fundada contra todo aquel que se acerque a ese tipo de gente.

SEMANA: Pero suena injusto equiparar la crueldad de las FARCcon los errores cometidos por las Fuerzas Militares...

Crueldad es crueldad y yo creo que un Estado democrático y con una sociedad organizada tendría que marcar diferencias y eso se hace con los medios o métodos que se utilizan. Decía Gandhi que los medios son a los fines como el árbol a los frutos.

SEMANA: Además, argumenta que la captura de los guerrilleros debe ser el objetivo legal...

El objetivo no es matar. Si las armas se ponen en manos de un soldado y un policía para que maten, yo creo que corrompen el espíritu de la fuerza pública. Estos temas los he discutido con militares en mis visitas pastorales y recuerdo que una vez un soldado en Boyacá me respondió con un fusil en la mano “obispo esto se hizo para matar”. Por eso no soy amigo que retornemos a la justicia penal militar.

SEMANA: ¿No teme que sus declaraciones sean interpretadas como solidarias con las FARC?

Creo que el gobierno del presidente Santos es abierto a estas búsquedas en Colombia y con él se volvió a hablar del conflicto armado, víctimas y lo humanitario. Creo que hay una búsqueda y una apertura a nuevas opiniones y eso es algo que vengo haciendo desde hace muchos años, incluso como columnista en diarios regionales.

SEMANA: ¿Reconoce entonces que sus opiniones tienen talante de izquierda?

No me clasifico entre izquierda y derecha; me clasifico como un pastor de la Iglesia que trata de llevar el sentido de lo cristiano y el evangelio a estos temas.

SEMANA: También concluye que la guerra está centrada en la relativización del homicidio, por encima del derecho a la vida...

Ese es mi tema preferido como colombiano. La violencia es un cáncer y no basta con quitarle la cabeza a la culebra. Hemos llegado al extremo de afirmar que hay muertos buenos en esta guerra; como diría el Quijote, son aquellos que “vosotros matais”. Eso es maniqueo y el país en ese tema ha sido también maquiavélico.

SEMANA: ¿Por qué considera inútiles las marchas contra las FARC?

Porque son parciales y en el conflicto hay dos actores: El Gobierno y las FARC. En este caso esa parcialidad le da un sesgo a las marchas. No debemos olvidar que el principal propósito es traer con vida a los secuestrados.

SEMANA: Usted insiste en un Acuerdo Humanitario, ¿cuáles serían las bases para llegar a esa etapa?

No son enemigos irreconciliables, hay que abrir los espacios porque esta guerra no puede ser infinita; debemos buscar esos voceros y ya tenemos algunos ejemplos como Colombianos y Colombianas por la Paz, los obispos y los gobiernos amigos. Ya pasó la época de conflicto con los vecinos y podemos acudir a ellos.

La única manera de garantizar que no ocurran más crímenes de secuestrados es el nacimiento de conversaciones y que se autoricen delegados para dialogar. Tenemos que bajarnos de la prepotencia en que nos montamos pensando que esto sólo acaba con exterminio.

SEMANA: ¿Es posible llegar a un acuerdo con las FARC sin el derecho a participar en política?

Desde luego que no. Lo importante es que les demos la posibilidad de vivir bien sea en una prisión o un enclave.

SEMANA: ¿Cuál es su trayectoria dentro de la Iglesia católica?

Soy sacerdote desde el año 1976, ordenado en la Diócesis de Jericó en el suroeste antioqueño. En 1993 fui ordenado obispo auxiliar de Medellín hasta finales del 2001 y en el 2010 me trasladaron a Cali como obispo coadyutor y el 21 de junio de este año me posesioné como arzobispo.

SEMANA: ¿Dónde nació?

Soy de Valparaiso, Antioquia, conocida en la historia por ser la patria de Rafael Uribe Uribe.

SEMANA: Por ser de esa zona de Antioquia conoce al ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Claro, me conozco con él y en especial cuando fui obispo auxiliar de Medellín y estuve muy involucrado en las comunas con el tema de defensa de la vida, acuerdos y convenios entre grupos armados ilegales para aclimatar el tema de convivencia y paz.

Por esa razón tuve relación muy directa con el entonces gobernador, Álvaro Uribe, y su secretario de gobierno, el difunto Pedro Juan Moreno, en temas polémicos como Las Convivir, al cual me opuse diametralmente.

SEMANA: ¿Y cuáles eran las discrepancias de fondo para entonces?

Siempre pensé que se camuflaban las autodefensas en el famoso derecho a la defensa propia y se involucraba a los civiles en empresas militares y se abría una puerta inmensa para la delincuencia armada.

SEMANA: ¿Se considera enemigo público del expresidente Uribe?

No, yo lo aprecio y él me aprecia y nos mandamos saludos muy seguidamente.

SEMANA: ¿Qué le han dicho sus jerarcas por estas reflexiones que hace públicas y por fuera del libreto oficial?

Nosotros nos respetamos. Una vez cuando el gobernador Uribe pidió ser escuchado en la Conferencia Episcopal para defender las Convivir, recuerdo que me opuse y a raíz de eso convinimos hacer una reunión entre los obispos de Antioquia y Chocó con el gobernador y su secretario de Gobierno. Discutimos, pero en el fondo encontramos fórmulas de arreglo entre los obispos.

En otra ocasión. Uribe presidente fue a preguntarles a los obispos su opinión sobre la Ley de Justicia y Paz; pedí la palabra y expresé la necesidad de tener claro todo el tema de la legalidad de las tierras en manos de testaferros y traje como ejemplo lo ocurrido en Salgar, el pueblo de Uribe.

SEMANA: ¿Todo ese conocimiento del conflicto armado colombiano le ha permitido integrar algún comité de diálogo?

No, siempre he actuado a título personal y a nombre de las parroquias donde he estado en Medellín, donde fundamos un programa arquidiocesano de reconciliación que es un espacio para los exmiembros de distintos grupos y organizaciones. En el Chicamocha, entre Málaga, Santander y Soatá, Boyacá, con la pastoral social diocesana se abrió un programa de apoyo a niños huérfanos de la violencia y viudas.

SEMANA: ¿Ha sufrido amenazas?

Polémicas y controversias abiertas con algunos generales del Ejército, como el caso del general Fabio García, de la Brigada de Bucaramanga, o con otro general de Boyacá, donde fui acusado de colaborador de las FARC por un lado, y las autodefensas por el otro, precisamente por esa labor de acompañamiento a las víctimas.

SEMANA: ¿Qué mensaje le enviaría a 'Timochenco'?

Sencillamente que acepte que la vida de los secuestrados es sagrada y sacramental para la convivencia y reconciliación de los colombianos. Libérenlos ya o faciliten los términos para un Acuerdo Humanitario.

viernes, 23 de diciembre de 2011

A note upon Occupy Wall Street by Hannah Arendt's Center for Humanities

http://www.hannaharendtcenter.org/?p=3561#comments


Occupy Wall Street is, on one important level, a movement of signs. I mean this quite literally. Handmade signs with witty epigrams, pithy epithets, and heartfelt emotions took root in Zuccotti Park and blossomed on the web. The signs are not simply the old-fashioned placards of protests past. Rather, the signs proliferated in large measure specifically so they could be photographed, uploaded, and disseminated on the World Wide Web. In many ways, Occupy Wall Street communicated its message through photographs of signs.

Pictures of signs, like the one below, tell human stories of average, hard-working Americans who have been upended by the Great Recession.

In the war of signs, pictures of military veterans occupy a privileged role. The military protester shows, in an image, that the anger, despair, and hope that the Occupy Movement represents is not limited to entitled young hipsters. The signs were, quite often, expressions of the average American, the soldier and the homeowner, who had been devastated by economic hardship. The implication is that these individuals lived honorably, played by the rules, and are suddenly in dire straits as a result of a financial crisis.
I first encountered one such iconic picture on Facebook. It shows an older man telling a sad story. This cheerful, gray-haired, bespectacled Navy Veteran and schoolteacher clad in his oxford shirt neatly pressed under a burgundy sweater is undoubtedly one of the poster-children of Occupy Wall Street. His story is common and sad. He has served his country and taught our children. And now his pension doesn't allow him the means to live with dignity.

Older individuals, like soldiers and children, hold a special place in the iconography of the Occupy Movement. They bespeak a kind of innocence and vulnerability. They are hard working and have paid their dues. All they want is what is fair and right. As a Navy veteran and a teacher, this man's simple sign expresses American ideals, and their betrayal. He did the right thing and hoped for a comfortable retirement in his own home, with annual vacations and visits to the grandchildren. Is this too much to hope for? The claim here is, he followed the rules and he got steamrolled.
Not long after this sign and thousands of others like it zipped around the web on Tumblr and Facebook, another sign appeared, as if to answer this veteran's lament and other sad stories of foreclosed homeowners and indebted students. This sign claims to be from a student (not pictured and thus questionable), but one who played by the rules in another sense.

I wrote more about these signs here and here. Both signs appeal to a basic ideal of fairness. But fairness means different things to each. The first sign sees fairness as a kind of social contract. If I work hard and play by the rules, I should be guaranteed a certain standard of living and insured against catastrophe.  Especially when the well off in society, those whose freedoms I fought for and whose children I taught, were bailed out by my tax dollars.
The second announces a different view of fairness as individual responsibility. Life is not fair and no one should expect a handout. Playing by the rules means living within your means, not taking out mortgages you can't afford or student loans that will saddle you with debt. Working hard is not enough, but you must also be thrifty and responsible. If you do decide to take risks or live beyond your means, that is your choice, but don't expect me to feel sorry for you if you fail.
The argument between two notions of responsibility that these competing signs take up is an important one. It goes to the heart of our ideas of personal responsibility, individualism, community, entitlement, and empathy. I have written at length about Occupy Wall Street here and here. But what does it mean that this conversation about who we are and what our country should be is happening through pictures of signs on the Internet?
Occupy Wall Street began with an image, created and disseminated by Adbusters, a Canadian media and anti-advertising group. A charging bull, iconic to the world of finance, gracefully ridden by a female dancer, in front of a surging crowd wearing gas masks and brandishing batons. Smoke fills the air. It is  an image of revolution; but what does the revolution call for? Dance? The power of grace and beauty over brawn? Escape from unrestrained capitalism and a return to more spiritual values?

Undoubtedly the victory of the gracefulness of spirit over the aggression of calculation is one metaphorical text of the image. So too is the power of the people; the mob, which rages behind both the ballerina and the bull. Unresolved is whether the mob stands with the ballerina or the bull, or whether its fury threatens both.
The image of the ballerina and the bull is a political call, but one issued through images and metaphors. Our economy and our politics are like the bull—uncontrolled, wild, and in need of a spiritual master. Such metaphorical thinking is at the very root of both political and metaphysical thinking for it carries over the thinking of everyday reality into a higher and more truthful state. A metaphor—literally a carrying over as its Greek etymology suggests—elevates thinking from the mundane to the speculative, and thus energizes everyday thinking through the power of ideas.
Immanuel Kant once described a despotic state as a "mere machine"—a hand grinder—because both are governed by an absolute individual will that can make mince meat of the individuals under their grip. Kant offered the hand grinder as an example of a successful metaphor—an image that shows a "perfect resemblance of two relations between two totally dissimilar things."
Hannah Arendt discusses Kant's use of the metaphor in her book The Life of the Mind. She quotes there as well from Ernest Fenollosa, in an essay originally published by Ezra Pound:
Metaphor is  ... the very substance of poetry"; without it, "there would have been no bridge whereby to cross from the minor truth of the seen to the major truth of the unseen."
For Arendt thought images are unavoidable in thinking and speaking, for we cannot approach any concept or idea without in some way employing an analogy or metaphor from our lived and daily experience. We have no entry into the temple of truth except through the passageways of metaphor and symbolic thought. We cannot even recognize a dog as a dog or God as God without an idea or concept of "dog" or of "God" that themselves are metaphorical or analogical ideas taken from our experience of the world. Friendship, too, Arendt writes, must originally be thought in images and metaphors, as the Chinese do for whom the character for friendship shows an image of two united hands.

As Arendt writes:
[The Chinese] think in images and not in words. And this thinking in images always remains "concrete" and cannot be discursive, traveling through an ordered train of thought, nor can it give account of itself (logon didonai); the answer to the typically Socratic question ‘What is friendship?’ is visibly present and evident in the emblem of two united hands, and "the emblem liberates a whole stream of pictorial representations" through plausible associations by which images are joined together.
Arendt's point is that Chinese and other pictorial languages offer direct version of the kinds of metaphorical thinking that must attend to all languages, even purely alphabetical languages like those in the West. Even our language depends upon the images and analogies of metaphors to carry our thought beyond the everyday to the deeper level of significance and meaning, on which both philosophy and politics might build a publicly accessible and shared common world.
That thinking happens in images is, Arendt writes, "fascinating and disquieting." It is disquieting because it puts into question the priority of language and reason that so defines the tradition of Western thought—the demand for rational justification in philosophy and politics that is so central to the rationalist foundations of modern society in a scientific age. For rational justification can happen only in words whereas higher truths are accessible only through metaphors and images.
The priority of images over words is the reason that Arendt remains one of the most poetic thinkers in the modern canon.  She is uniquely aware throughout all her writing that
"poetry," when read aloud, "will affect the hearer optically; he will not stick to the word he hears but to the sign he remembers and with it to the sights to which the sign clearly points."
I spoke about this coincidence of thinking, seeing, and acting with the great dancer and choreographer Bill T. Jones in 2010. For Bill T., the effort in his dance "Floating the Tongue" is to enact the process of taking something invisible and internal and bringing it to appear on the stage and in the world.  In Arendt's words, the effort of poetic language must be to bridge "the gulf between the realm of the invisible and the world of appearances."
Political thinking, too, has much to learn from poetry and metaphor. "Politics," writes Hannah Arendt, "deals with the coexistence and association of different men." As we live with others, we human beings aim at freedom—the freedom to be an individual and also the freedom to build a common world together. For Arendt, politics is the activity through which a plurality of human beings constitute themselves as a people, a unity of differences. The political actor is he or she who acts and speaks in such a way as to show the different people around him the common truths that bind them together as a people. It is because politics must employ metaphors and images that build a foundation for a new and public space for freedom to flourish that politics also demands a public space where citizens can meet, speak, and act in public.

A great virtue of the Occupy Wall Street and also the Tea Party movements have been the return of signs, images, and symbols to political discourse. Even the written text on the signs that now carom around the web can only be read within the images that  provide their poetry; images of the rich and poor, elderly and young, military and civilian. Politics, it seems, is leaving behind the rationalist fantasy that if we just all talk about the issues, we will come to some kind of sensible agreement.
For this reason, the Hannah Arendt Center has partnered with Visualize Conversation in an experiment; to ask how and in what ways political images can spur a public discussion.  We have created a new kind of website, Visualize Conversation , dedicated to the visual images that are defining the political world. The site is being launched around the images that have come to characterize the Occupy Movement. Soon, we will begin to focus on imagery that relates to the 2012 Presidential election as well as other national issues.
On this website you are invited to respond to these images with both words and other images, to share the images, and to debate about them with others. It may be fun, but it is also, in part, an opportunity to think about and create the images and metaphors that very well might engage and re-enliven our politics.
-Roger Berkowitz

Comentario a propósito de cierta propaganda, divulgada como noticia por la página China Files

 Ustedes se expresan así: "La república comunista (...) sufre de manera crónica hambrunas y sequías ocasionadas en gran medida por el aislamiento internacional al que ha estado sujeta a causa de su programa armamentista nuclear" ... ¿Es eso serio? ¿Es eso cierto? Por supuesto que no!". De no tener la bomba atómica, no sólo sufrirían crónicamente de hambrunas y sequías, sino, además, de bombardeos exterminadores por parte de USA y NATO, como le ha pasado a Libia y como quisieran hacerlo,pero, todavía no se atreven, con Siria, Irán y, quizá, hasta con Venezuela. A mí, particularmente, me apena decirlo,   pero, "su programa armamentista nuclear" ha sido de un éxito arrollador y le ha valido el mejor de los logros: ¡la supervivencia! ... No soy comunista, y reconozco el carácter totalitario del comunismo, que comparte, entre otros, con la plutocracia que mantiene secuestrada la democracia norteamericana de Jefferson y Adams, de Lincoln y Walt Whitman. Ustedes hacen gala simple y deplorablemente, del más clásico anticomunismo de los tiempos de la guerra fria, y eso es, por decir lo menos, estúpido ... Vean esta muestra: "Lo poco que se sabe es que es un país donde están severamente limitados los derechos, etc, etc, etc... Esto, en primer lugar, no está escrito en español. ¿De dónde es el redactor? ¿francés, acaso? Pero, lo peor es su cínica y grotesca falsedad. Llevo 50 años "informándome" acerca de Norcorea a través de la  prensa, la radio y la T.V. ocidentales, sin conocer jamás una buena noticia o un solo comentario favorable, y el 99% de lo que se"informa" describe un infierno cuyos demonios practican la violación de todo tipo de derechos, como su principal ocupación, en un país habitado casi en su totalidad por imbéciles conformistas...  Durante el corto tiempo que llevo a ustedes suscrito, con China les sucede poco más o menos lo mismo. Eso no es objetivo, ni equilibrado, ni imparcial ... Eso no puede ser verdad! Cuándo van a publicar algo favorable acerca del régimen chino? Así como van, creo que nunca...  No esperen, entonces, credibilidad; por ese camino, nunca la tendrán. Les propongo que intenten hallar algo bueno en la gran China. No todo puede ser negativo... Por cierto, a mí tampoco me agrada el régimen chino; nunca me  ha sido simpático: ni en mis años de tardía juventud, pues, conservaba aún mi admiración por el maoísmo y mi rechazo a Deng... Ni durante los últimos 20 años, hasta la fecha, marcados por mi filiación católica. Déjenme decirles algo: Yo, en su lugar, bregaría a lucir mínimamente objetivo e imparcial, aun en el caso de que trabajara con la C.I.A. que, aún lo pongo en duda, pueda ser el caso de ustedes. Saludos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

SOBRE LA REVOLUCION de Hannah Arendt - Citas sueltas

Quotes from Hannah Arendt's "On Revolution"

de Evolver Social Movement, el Lunes, 15 de febrero de 2010, 19:28
That all authority in the last analysis rests on opinion is never more forcefully demonstrated than when, suddenly and unexpectedly, a universal refusal to obey initiates what then turns into a revolution.

12
the social question began to play a revolutionary role only when, in the modern age and not before, men began to doubt that poverty is inherent in the human condition, to doubt that the distinction between the few, who through circumstances or strength or fraud had succeeded in liberating themselves from the shackles of the poverty, and the laboring poverty-stricken multitude was inevitable and eternal.

John Adams: “I always consider the settlement of America as the opening of a grand scheme and design in Providence for the illumination of the ignorant and the emancipation of the slavish part of mankind all over the earth.”

19
The modern concept of revolution, inextricably bound up with the notion that the course of history suddenly begins anew, that an entirely new story, a story never known or told before, is about to unfold, was unknown prior to the two great revolutions at the end of the eighteenth century. Before they were engaged in what turned out to be a revolution, none of the actors had the slightest premonition of what the plot or the new drama was going to be.

The plot: unmistakeably the emergence of freedom – Condorcet: “the word ‘revolutionary’ can be applied only to revolutions whose aim is freedom.”

Crucial, then, to any understanding of revolutions in the modern age is that the idea of freedom and experience of a new beginning should coincide.

29
... this latter part of the task of revolution, to find a new absolute to replace the absolute of divine power, is insoluble because power under the condition of human plurality can never amount to omnipotence, and laws residing on human power can never be absolute.

30
The very idea of equality as we understand it, namely that every person is born as an equal by the very fact of being born, that equality is a birthright, was utterly unknown prior to the modern age.

44 Hegel
Out of revolution and counter-revolution, from the 14th of July to 18th of Brumaire and the restoration of the monarchy was born the dialectical movement and counter-movement of history, which bears men on its irresistible flow, like a powerful undercurrent, to which they must surrender the very moment they attempt to establish freedom on earth. This is the very meaning of the famous dialectic of freedom and necessity in which both eventually coincide – perhaps the most terrifying and, humanly speaking, least bearable paradox in the whole body of modern thought.

46
The sad truth of the matter is that the French Revolution, which ended in disaster, has made world history, while the American Revolution, so triumphantly successful, has remained an event of little more than local importance.
89
It was the war against hypocrisy that transformed Robespierre’s dictatorship into the Reign of Terror, and the outstanding characteristic of this period was the self-purging of the rulers.

96
That the wretched life of the poor was confronted by the rotten life of the rich is crucial for an understanding of what Rousseau and Robespierre meant when they asserted that men are gods “by nature” and become rotten by means of society, and that the low people, simply by virtue of not belonging to society, must always be “just and good.”

Tearing the mask of hypocrisy off the face of French society, of exposing its rottenness… theater metaphors

96
history of the Latin word persona… The distinction between a private individual in Rome and a Roman citizen was that the latter had a persona.

98
… by the unending hunt for hypocrites and through the passion for unmasking society, they had, albeit unknowingly, torn away the mask of the persona as well, so that the Reign of Terror eventually spelled the exact opposite of true liberation and true equality; it equalized because it left all inhabitants equally without the protecting mask of a legal personality.

106
Generally speaking, we may say that no Revolution is even possible where the authority of the body politic is truly intact, and this means under modern conditions, where the armed forces can be trusted to obey the civil authorities. Revolutions always appear to succeed with amazing ease in their initial stage, and the reason is that the men who make them first only pick up the power of a regime in plain disintegration; they are the consequences but never the causes of the downfall of political authority.

107
Even where the loss of authority is quite manifest, revolutions can break out and succeed only if there exists a sufficient number of men who are prepared for its collapse and, at the same time, willing to assume power, eager to organize and to act together for a common purpose. The number of such men need not be great; ten men acting together, as Mirabeau once said, can make a hundred thousand tremble apart from each other.

133
If, however, one keeps in mind that the end of rebellion is liberation, while the end of revolution is the foundation of freedom, the political scientist at least will know how to avoid the pitfall of the historian who tends to place his emphasis upon the first and violent stage of rebellion and liberation, on the uprising against tyranny, to the detriment of the quieter second stage of revolution and constitution…

The basic misunderstanding lies in the failure to distinguish between liberation and freedom; there is nothing more futile than rebellion and liberation unless they are followed by the constitution of the newly won freedom. For ‘neither morals, nor riches, nor discipline of armies, nor all these together will do without a constitution’ (John Adams)

138
That man by his very nature is ‘unfit to be trusted with unlimited power’, that those who wield power are likely to turn into ‘ravenous beasts of prey’, that government is necessary in order to restrain man and his drive for power and, therefore, is (as Madison put it) ‘a reflection upon human nature’ – these were commonplaces in the eighteenth century no less than in the nineteenth, and they were deeply ingrained in the minds of the Founding Fathers.

John Adams: “Power must be opposed to power, force to force, strength to strength, interest to interest, as well as reason to reason, eloquence to eloquence, and passion to passion,” he obviously believed he had found in this very opposition an instrument to generate more power, more strength, more reason, and not to abolish them.

154
The constitutional history of France, where even during the revolution constitution followed upon constitution while those in power were unable to enforce any of the revolutionary laws and decrees, could easily be read as one monotonous record illustrating again and again what should have been obvious from the beginning, namely that the so-called will of a multitude (if this is to be more than a legal fiction) is ever-changing by definition, and that a structure built on it as its foundation is built on quicksand.

156
the great good fortune of the Amer Rev was that the people of the colonies, prior to their conflict with England, were organized in self-governing bodies, that the revolution – to speak the language of the eighteenth century – did not throw them into a state of nature, that there never was any serious questioning of the pouvoir constituant of those who framed the state constitutions and, eventually, the Constitution of the of the United States.

157
The astounding fact that the Declaration of Independence was preceded, accompanied, and following by constitution-making in all thirteen colonies revealed all of a sudden to what an extent an entirely new concept of power and authority, an entirely novel idea of what was of prime importance in the political realm had already developed in the New World … What was lacking in the Old World were the townships of the colonies, and, seen with the eyes of a European observer, ‘the American Revolution broke out, and the doctrine of the sovereignty of the people came out of the townships and took possession of the state.’

Jefferson knew that “the Revolution, while it had given freedom to the people, had failed to provide a space where this freedom could be exercised. Only the representative of the people, not the people themselves, had an opportunity to engage in those activities of ‘expressing, discussing, and deciding’ which in a positive sense are the activities of freedom.”

241
Had Jefferson’s plan of ‘elementary republics’ been carried out, it would have exceeded by far the feeble germs of a new form of government which we are able to detect in the sections of the Paris Commune and the popular societies during the French Revolution.

251
no history of the European leisure classes would be complete without a history of the professional revolutionists of the nineteenth and twentieth centuries, who, together with the modern artists and writers, have become the true heirs of the homes de letters in the seventeenth and eighteenth centuries.

The outbreak of most revolutions has surprised the revolutionist groups and parties no less than all others, and there exists hardly a revolution whose outbreak could be blamed upon their activities.

252
The part of the professional revolutionists usually consists not in making a revolution but in rising to power after it has broken out, and their great advantage in this power struggle lies less in their theories and mental or organizational preparation than in the simple fact that their names are the only ones which are publicly known.